martes, 12 de junio de 2012

"NACERÁS LIBRE". CUENTO

Trabajo presentado con el seudónimo: "Tana" en el Concurso Literario "Escribe nuestra Historia".


Eran quizás los primeros días del mes de abril y el día empezaba a clarear.
Simón se levantaba para organizar los quehaceres de la jornada junto a María. Los dos vivían felices su vida de campo, en un rancho de adobe y paja decidieron formar su familia llenos de juventud y esperanza.
 Se vivía una época en la que se respiraban las tensiones políticas, todo el rancherío llevaba la palabra revolución en su garganta y a Simón una frase lo rondaba como suspendida en el aire: "la causa de los pueblos, señores, no admite la menor demora".
Como de la nada Simón llama a su mujer, la mira, enternecido y ardiente posa su mirada en su vientre ya muy cercano a dar a luz y le dice:
- María tengo que ir, nuestro hijo tiene derecho a nacer libre.
María, entendiendo las intenciones de su marido y con un nudo en la garganta le pregunta:
- Y si no vuelves Simón, ¿que le digo a nuestro hijo?- mirándolo a los ojos y tocando su prominente vientre.
- La verdad María, -responde Simón-, que su padre murió peleando por la libertad de su tierra y que se unió a los revolucionarios para vencer a los españoles. Dile que su padre peleará junto a su pueblo.-
María, al borde de las lágrimas lo abrazó, temerosa de que fuera el último, pero orgullosa de aquél hombre que con su lanza hecha de tacuara y tijera y sin mas que su caballo, saldría al combate, aunque no fueran muchos, aunque no tuvieran mejores armas, confiaba en la bravura de los hombres de su pueblo.
- Ve Simón, pelea y vuelve a casa que acá estaremos esperando la victoria.
Simón miró a su mujer, orgulloso de su compañera, tomó las pocas cosas que lo acompañarían y partió para unirse junto a muchos a la revolución que tomaba fuerza.
Corría la mañana del 18 de mayo de 1811, cercano al mediodía empezó el combate. Los españoles fueron vencidos por los orientales, quienes eran inferiores en armamento, pero no en fuerzas en sus corazones; las ansias de libertad para su gente y su tierra eran superiores a cualquier ejército, y de esa manera consiguieron el triunfo en la Batalla de las Piedras.
María estaba en el rancho preparando el pan, cuando a lo lejos comenzó a escuchar la voz de Simón, y casi sin poder creerlo su corazón dio un salto, como si volviera a latir. Emocionada, tomó a su hijo y salió al encuentro de aquel gaucho que victorioso, volvía a su hogar.
Bajando el caballo, Simón ve a María, entre rebozos, abrazada a un hermoso varón, su hijo. ¡Su hijo había nacido!
María estiró los brazos y puso a su hijo en los de su padre.
- María- dijo Simón casi paralizado de la felicidad-, míralo María. míralo bien porque estás mirando a un hombre libre...
- Gervasio, Simón, se llama Gervasio...

FIN


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